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viernes, 13 de julio de 2012

¿Conocen a Miguel Covarrubias? Ya se lo presento yo si no.



En 1926, José Juan Tablada, una de las grandes figuras del modernismo y el periodismo mexicanos publicaba en la revista Social un artículo titulado "El arte criollo en Nueva York", el siguiente texto sobre Miguel Covarrubias:
La aventura del Covarrubias, el Benjamín, parece un cuento de hadas que pudiera comenzar así:
Érase un niño a quien una buena madrina le regaló un lápiz por cuya virtud podía convertir a los simples mortales en ogros, enanos, monstruos contrahechos o habitantes de la Luna y, por añadidura, ganar dinero en cambio de tales maleficios. Al café de México City donde Covarrubias disipaba sus tedios dibujando caricaturas, llegó una noche el Dr. Fausto y le dijo al oído:
—Chico, emigra. En Nueva York te esperan las flappers y la Gloria; los políticos y el ham-and-eggs, las estrellas de Hollywood y el moonshine; el chicle para mascar y el National City Bank.
Covarrubias, como un sonámbulo, echó a andar aquella misma noche y anduvo, bajo el sol y las estrellas, hasta topar con una casa luminosa que decía: Vanity Fair y adonde salió a recibirlo y abrazarlo el propietario Crownishield quien conmovido apenas pudo balbucir:
—¡Cómo has tardado Mike, Miguelito! Hace meses te aguardábamos…Aquí tienes tu mesa, lápiz, papel y mis cheques en blanco, pero ya firmados. “Help yourself Mike!”
Así hay que traducir el clásico: llegó, vio y venció.
En ese magazine Covarrubias se dio a conocer, allí cumplió veinte años hace tres días*; allí descubrió a los negros, rehabilitándolos en la estética, dotándolos de nuevas características, de una dinámica inédita, llena de insospechados ritmos. Y los negros lo recompensaron inspirándole las decoraciones de la Revue Negre que en estos instantes entusiasma a París con el color de sus escenarios y el frenesí de sus danzas.
Pero eso no es todo. El regocijado álbum de caricaturas que acaba de lanzar la casa Knopf bajo el título: El Príncipe de Gales y otros famosos americanos es también obra de Covarrubias. En ese álbum todas son mentiras, de aquellas que según Picasso expresan las verdades artísticas, pero hay una gran verdad, la leyenda de la autocaricatura del dibujante que dice:
¡Asesino!


Pero en 1926, la aventura aún no había empezado. Llevo prácticamente un año escribiendo sobre Miguel Covarrubias, pero hoy por primera vez lo haré aquí, con una breve aunque concisa entrada sobre este señor al que estoy dedicando mi tiempo, y de forma futura, mi trabajo. Hice, aunque con otra intención, un video-resumen (documentalito, lo llamó una amiga, aunque no lo hubiera definido así) sobre su persona, con gran cantidad de imágenes (aunque hube de desechar otras tantas). Porque si una imagen vale más que 1000 palabras, imaginen 15 minutos. Espero que les guste**:



Del porqué de la Banda Sonora, si es que necesita explicación:
- El primer tema es la Marcha de Zacatecas, considerada como una especie de segundo himno nacional mexicano, y en mi opinión, representante de aquel mundo de charrería y porfiriato en el que Miguel nació por los pelos. Más idílico hubiera sido poner alguno de esos grandes valses del porfiriato, pero eran deliciosamente deprimentes.
- El segundo es el trilladísimo de In the mood de Glenn Miller, tan paradigmático (como tópico) de Nueva York del Jazz. Tuve que ponerlo porque no conseguí el tema instrumental de Emperor Jones por Frankie Newton (que era la banda sonora en mi cabeza, y probablemente, la real).
- A cambio, está el tercer tema, el tema principal de Emperor Jones cantado por Connie Boswell, la mediana de las Boswell Sisters (que a mí me gustan bastante), un poco a modo de revindicación: el mundo del Jazz no solo fue negro, y las blancas también lo cantaban excelentemente .
- El cuarto tema es la archiconocida Rhapsody in blue de George Gerswhin, que coloco no únicamente por ser un conocido y perfecto paradigma de la música negra llevada a lo sinfónico, o porque Al Hirschfeld (amigo, compañero de estudio, discípulo en esencia de Covarrubias) la rediseñara en una elocuente sinfonía metropolitana para Disney, sino porque es el propio título de algunas de las ilustraciones que verán mientras la escuchan.
- El quinto tema es una de las tantas versiones de Frankie & Johnny, una de esas grandes murder ballads de la historia, en ese caso interpretada por Guy Lombardo.
- El sexto es el tópico idílico de La Adelita. Pero cantada por Nat King Cole, que para algo estaba en Nueva York.
- El séptimo es mi favorito y una verdadera joya: Planting Rice es una canción tradicional de plantación, que Katy de la Cruz, la gran estrella del vodevil filipino (que allí es bodabil), versionó en inglés (con parte en tagalo original) a finales de los 20 o principios de los 30.
- El octavo es una composición para piano de Colin McPhee (otro de los grandes artistas que fue a Bali), una reinterpretación de la música balinesa de gamelán, interpretada por su compañero (al menos de piso), el todavía más famoso Benjamin Britten.
- El noveno es la famosa Sandunga (Zandunga, en esta de Juan Arvizu), canción bien conocida y típica de ¿adivinan dónde? Del istmo de Tehuantepec
- El décimo es la Sinfonía India de Carlos Chávez, que además del más conocido compositor indigenista mexicano, fue el jefe (y buen amigo) de Covarrubias cuando trabajó para el departamento de danza.
-Y como no, el undécimo y de cierre es el ineludible México Lindo y Querido, idílico para un patriotismo reencontrado y sentimental.


Todas las canciones y grabaciones, excepto la grabación de la Marcha de Zacatecas, son "de época", quería un poco de verosimilutd en esto. El conjunto es paradójico: jazz de blancos, música balinesa de neoyorkinos, el epítome del corrido cantado por un negro, y una canción medio en tagalo cantada por una filipina que actuaba en el Chinatown de San Francisco. ¿No era también Miguel un poco de todas partes?

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*Se equivoca Tablada pues Covarrubias cumplió 20 años en 1924, sin que el artículo pueda haber sido escrito en esa fecha pues aún no había diseñado los escenarios de la Revue Negre.
**Y desgraciadamente, con esto les doy mi nombre y apellidos, así que supongo que las cosas se han puesto serias.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Nadar:elevando la fotografía a la altura del arte (II)


Biografía y mayores logros (I): entre periódicos y trincheras.

Gaspard-Félix Tournachon nació en París en 1820, y murió en la misma ciudad 90 años más tarde. Conservamos numerosas fotografías de su apariencia, pero resulta especialmente literaria la descripción que de él hizo Julio Verne en De la Tierra a la luna, cuyo personaje, Michel Ardan, estaba profundamente basado en Nadar.
“Era éste un hombre de cuarenta y dos años, alto, pero cargado de espaldas, como esas cariátides que sostienen balcones en sus hombros. Su cabeza enérgica, verdadera cabeza de león, sacudía de cuando en cuando una cabellera roja que parecía realmente una guedeja. Una cara corta, ancha en las sienes, adornada con unos bigotes erizados como los del gato y mechones de pelos amarillentos que salpicaban sus mejillas, ojos redondos de los que partía una mirada miope y como extraviada, completaban aquella fisonomía eminentemente felina. Pero la nariz era un dibujo atrevido, la boca perfecta, la frente alta, inteligente, y surcada por un campo que no ha estado nunca inculto. Un cuerpo bien desarrollado, descansando sobre unas largas piernas, unos brazos musculosos, que eran poderosas y bien apoyadas palancas, y un continente resuelto, hacían de aquel europeo un hombre sólidamente constituido, que más parecía forjado que fundido, valiéndonos de una de las expresiones del campo metalúrgico” - Julio Verne, descripción de Michel Ardan en De la Tierra a la Luna (1865).
Autorretrato, por Nadar.


Nació en el seno de una familia de origen lionés afincada en la capital. Hijo de un impresor y librero, Victor Tournachon, sufrió los numerosos reveses económicos de su padre, teniendo que frecuentar diferentes internados. Tras la muerte del padre en 1837, Gaspard-Félix comenzó a estudiar medicina en Lyon,  pero se vio obligado a abandonar los estudios para poder trabajar y mantener a su madre y su hermano pequeño.

Trabajó, desde los 18 años, en varios periódicos lioneses, antes de volver a instalarse en París, donde colaboraría en varios petites feuilles. Nadar se decantó entonces por la actividad periodística y por la caricatura. Le Corsaire imprimió sus primeros cuentos y Le Charivari , sus caricaturas. Junto a Polydore Millaud fundó La Audiencia, un periódico judicial, y frecuentó la bohemia parisina, juntándose, entre muchos otros, con Gérard de Nerval, Charles Baudelaire y Théodore de Banville. Sus amigos artistas, le apodaban Tournadar, debido a su costumbre de añadir a la última palabra de cada frase la terminación dar: de una manera graciosa, esto acabó convirtiéndose en su pseudónimo, Nadar.

Pero la vida era dura y Nadar sobrevivió como pudo: escribió novelas y dibujó caricaturas. Gracias a la ayuda financiera de un amigo, se lanzó, a los diecinueve años, a la aventura de la crear una prestigiosa revista, El libro de oro, de la que fue redactor. Consiguió que participaran en ella gente como Balzac, Dumas, Teófilo Gaultier, Nerval, Gavarni y Daumier. Desgraciadamente, dejó de editarse al noveno número, a pesar de un éxito considerable.

Políticamente hablando, Nadar era un republicano convencido y pertenecía al grupo de intelectuales simpatizantes con la Revolución del 48. En 1848 se alistó en la Legión Polaca, para prestar socorro a dicho país: ahí fue hecho prisionero y, testarudo (o increíblemente íntegro), rechazó la repatriación gratuita, y se vio obligado a trabajar en una mina para poder pagarse el viaje de vuelta a París, que para más inri, realizó a pie. Además, durante el largo viaje fue también capturado por oficiales prusianos.

A su vuelta, el gobierno provisional solicitó su colaboración, y el jefe de gabinete del Ministro de Exteriores le contrató como agente secreto. Su sed de aventuras, a pesar de la experiencia polaca, le llevó a seguir los movimientos de las tropas rusas en la frontera con Prusia.

De vuelta a París, retomó sus actividades como caricaturista en periódicos pequeños, haciéndose poco a poco un nombre. A partir de 1851, se dedicó a un gran proyecto, el Museo de glorias contemporáneas, para el cual, con la ayuda de varios colaboradores, reunió a los grandes hombres del momento con el fin de dibujarlos, y muchas veces los fotografío primero. El conjunto de este trabajo, incluye a más de 300 hombres ilustres de la época, con un total de más de 1000 viñetas, y constituye un panteón que le aportará mucha fama, bajo el nombre de Panteón de Nadar.



Honoré de Balzac, Charles Baudelaire, Gustave Doré
Théophile Gautier, Edmond de Goncourt, Victor Hugo

Prosper Merimée, Henry Murger, Jacques Offenbach

En un momento de debilidad económica, se vio animado por su amigo el escritor Eugéne Chavette a comprarse una cámara, y así empieza su actividad como retratista.

Continuará...

martes, 22 de noviembre de 2011

Los Lugares del Arte en París (III): Montparnasse

La Estación de Montparnasse tras el célebre accidente ferroviario de 1895.
Al contrario de lo que hemos dicho sobre Montmarte, Montparnasse fue un ensanche obrero puramente decimonónico, de calles más amplias e inmuebles realmente baratos, convertido en arrondissement parisino en 1860. Mucho menos escarpado, Montparnasse fue un lugar de inmigración cuya población de quintuplicó en menos de 20 años, favorecida por la importantísima estación del mismo nombre, en la que llegaban los viajeros del Oeste y sur de Francia (lo que a nivel de inmigración se traducía en bretones, cuya presencia en el distrito aún es muy numerosa, americanos, que llegaron a ser más de 20.000, y españoles).


Pintura actual, vista desde la Rue de la Gaité, la calle de los teatros, mi calle favorita de París. Hoy en día,  llena de Teatros, Sex shops, librerías de viejo (especialmente de Arte) y de restaurantes exóticos y ecómicos. ¿Quién da más?
Mucho más literario que musical (Joyce, Miller, Hemingway o Faulkner, entre otros, vivieron aquí), la comunidad artísitica centró su interés en la zona tras la apertura del Cementerio Civil de Montparnasse en 1824, lo que conllevó que muchos escultores (Maillol o Bourdelle entre otros) se trasladaran a la zona. Desde principios de siglo XX, tras el encarecimiento de Montmartre, la bohemia se trasladó a esta orilla del Sena, mucho más barata y en constante ampliación, en la que la animación de producía más fuera que dentro de los locales. Los teatros y salas de espectáculos se concentraban en la elocuente Rue de la Gaitè (la calle de la Alegría), compartiendo acera con restaurantes y tascas de todas las nacionalidades además de con liberías y anticuarios. Sin embargo, es de destacar el Café la Rotonde, todavía activo, como lugar singular, en el que unos arruinados Modigliani, Foujita o Soutine pagaban con dibujos y retratos sus consumiciones. Otros como La Coupule o La Cloiserie des Lilas, invitaban a los artistas para que dieran caché al lugar. También en Montparnasse estaban las célebres academias privadas, L’Academie Ramson, y L’Academie de la Grande Chaumière.


Foto de época de La Coupule (1930's?)




Le Cloiserie des Lilas, c. 1920


Casi en los límites del distrito, más cercano a la Puerta de Versalles que a la Estación de Montparnasse, y oculto entre grandes edificios, se encuentra y se encontraba otro lugar seminal para la aparición de la Vanguardia: la Ruche (la colmena). El escultor Alfred Boucher compró en 1902 unos baratísimos terrenos, para la filantrópica misión de abrir talleres para artistas, a los que hacía pagar unos alquileres ridículos, y que no eran desahuciados si no podían pagar. En los fríos, pero regalados, talleres de la Ruche vivieron nada más y nada que Marc Chagall, Picasso, Modigliani (ambos abandonaron el Bateau-Lavoir durante la Primera Guerra Mundial), Marevna, Diego Rivera, Brancusi, Kremegne…

Hasta aquí pude ver, puesto que hoy sigue  siendo una colonia de  artistas (y uno de ellos me gritó, borracho, medio desnudo y desde el balcón, que me fuese de su calle).




Homenaje a mis amigos de Montparnasse (1918), de Marevna (Vorobieff). A ver si les identifican a todos.

Los lugares del Arte en París: Montmartre I (II)

Montmartre (“el monte del martirio”, “el monte de Marte”) era desde la Edad Media un núcleo poblado y en continua comunicación con París, pero que a pesar de su cercanía, no fue incluido como arrondissement de la ciudad hasta 1871, después de la heroica resistencia de sus habitantes durante la Comuna de París. La escarpada colina, que por ello había escapado a las feroces reformas de Haussmann (y con ello, a la consecuente revalorización y encarecimiento del suelo y los inmuebles), se constituyó entonces como un lugar céntrico de esparcimiento, incómodo para vivir pero muy barato de habitar, y durante las últimas décadas del siglo XIX proliferaron en él diversos tipos de locales de ocio, muchos todavía en funcionamiento y que han dado fama mundial a París. 

Baile en el Moulin de la Galette (1876), por Renoir
En el Moulin Rouge (c.. 1895), de Tolouse-Lautrec
Un cartel del Folies-Bergère (¿c. 1900?), el mayo espectáculo de París. Observen a la Bella Otero en el centro.

En el Montmatre de la Bohemia aparecieron locales, de corte musical, de muy diversa índole: el célebre Moulin de la Galette, antiguo y verdadero molino, se reconvirtió en un lugar de merienda y verbena campestre, donde se bebía vino de Montmartre (célebre desde la Edad Media, y aún hoy se conserva algún viñedo) y se tomaban las famosas galettes, una especie de crêpes de trigo negro; el Moulin Rouge o el Fòlies Bergère, fueron concebidos como salas de baile (con animación musical ligera proporcionada por la por la casa) en donde señoras y, especialmente, caballeros de todo tipo acudían a encanallarse, antes de ser reconvertidas en grandes teatros de revista y music hall; otros lugares, como Le Chat Noir (propiedad de Rodolphe Salis y clausurado, para desgracia de muchos, en 1897) o Le Lapin Agile (fundado por el caricaturista Andrè Gill) estuvieron mucho más cercanos al kabarett alemán y fueron mucho más representativos del espíritu Montmartrois.
Una fantasiosa vista de Le Chat Noir. Porque no pienso poner el maldito cartel de Steilen con el gato.

Le Lapin Agile sigue en el mismo sitio, y exteriormente no ha cambiado demasiado

Fundados por excéntricos intelectuales, eran concebidos como cafés-cantantes, con ocasionales espectáculos de poesía o de teatro (célebres son las marionetas de sombras chinescas del Chat Noir, hoy pueden ver muchas de ellas en el Museo D'Orsay), poblados de sátira e irreverencia, y verdadero lugar de nacimiento de la chanson francesa (desde Yvette Guilbert y Aristide Bruant a Josephine Baker y Maurice Chevalier). Podría prolongarme en este aspecto interminables posts, y de hecho, es posible que lo haga.

En este estupendo caldo de cultivo, asistimos a los primeros brotes de la vanguardia puramente del siglo XX, concentrada más fuera que dentro de los cabarets, en lo que se significaron dos edficios: el Bateau-Lavoir y la Casa Rosimond. 

El edificio se quemó en 1970 y esto es todo lo que queda del original.

El Bateau-Lavoir recibió este sobrenombre ("el barco-lavadero") por su curioso, y decadente, aspecto exterior. Era un inmueble que albergaba únicamente talleres/despachos de artistas, que para la época de las Vanguardias, ya se habían quedado bastante viejos: en aquel coincidieron en tiempo y espacio Pablo Picasso, Marie Laurencin, Max Jacob, Jacques Cocteau, Juan Gris, Amedeo Modigliani, Kees Van Dongen, Alfred Jarry… además de muchos otros. El propio Picasso describía su taller de su época azul con las siguientes palabras:
La vista trasera.
"Un lugar donde todo olía a trabajo y desorden, con un somier de cuatro patas en un rincón, una pequeña estufa de hierro, oxidada. (...) Una silla de paja, caballetes, telas de todos los tamaños, tubos de colores desperdigados por el suelo, pinceles, recipientes con aguarrás, ninguna cortina, todo ello encima de un entarimado en estado de putrefacción.”
Y desde la plaza.

Sin embargo, la Casa Rosimond, hoy reconvertida en el Museo de Montmartre, fue construida, en medio de maravillosos viñedos, como palacete privado para el más importante comediante de la corte de Luis XIV tras la muerte de Molière. En el siglo XIX, la villa había alcanzando un estado de casi abandono, y fue dividida en diversos talleres, que habitaron ni más ni menos que Rodin, Renoir, Suzanne Valadon, Utrillo, Satie, Utter, Bloy, Duffy…


El actual Museo de Montmartre, paradigma de lo que fueron las casas ricas del Butte-Montmartre

Por todo esto, no podemos considerar Montmarte como un barrio honestamente humilde, sino que su tipología de intelectual responde más bien a la del burgués encanallado, enfadado con el mundo y enamorado de su arte, que malgasta su dinero en alcohol para vergüenza y deshonra de su familia.

De este tipo de artista les hablo, que no fue el único de noble cuna.
En la próxima entrada, Montparnasse.

Los lugares del Arte en París: Introducción (I)

Estas palabras corresponden, como muchas otras veces, a un capítulo de un trabajo mío de hace un par de años, que me limito a copiar y a adaptar, donde sea necesario. Disculpen las molestias.

Calle de París en un día de lluvia (1877), por Gustave Caillebotte. Con los típicos edificios haussmannianos.


Desde el momento de la desaparición de los gremios, es prácticamente imposible contabilizar el número de artistas o artesanos profesionales residentes en una ciudad, sin que esto incluya a gran cantidad de artistas amateurs o de familias pudientes (que como ya se sabe, era una práctica bastante habitual): la aparición del tubo de óleo, en las últimas décadas del siglo XIX, y las progresivas mejoras laborales (muchas de ellas derivadas de las Leyes Ferry, de 1882) conllevaron la popularización (y posterior aceptación) del pintor amateur, del peintre de Dimanche (más tarde categorizado como naïf); por otra parte, las numerosos y sustanciosos cambios políticos producidos en Europa durante el periodo que nos atañe, conllevaron no menos exilios políticos de élites (ya fuesen económicas o intelectuales) bienpensantes que también se dedicaron, fuese como ejecutores o patrocinadores, al mundo de las artes.


El centro de París en 1900. Por supuesto, ya estaba habitada muchos más allá de lo que aquí pueden ver.


A los más de 2.750.000 habitantes que tuvo París durante gran parte del siglo XX, hay que añadir la población de los municipios limítrofes, algunos conectados con París incluso mediante las primeras líneas de metro (la estación de la Puerta de Versalles, por ejemplo, data de 1901), por lo que debemos suponer un tráfico humano diario mucho mayor (lean aquí una excelente entrada sobre el origen del metro en París).

Durante la época de la Primera Guerra Mundial, el metro de París ya era bastante parecido al de ahora.
Con las bellísimas marquesinas de Guimard, el Art Nouveau se hizo ley. Ahí pueden ver ustedes la de Abbesses.

Como bien es sabido, la vanguardia parisina se concentró en ciertos lugares, tanto por motivos económicos (que en mi humilde opinión fueron siempre los que primaron) como fueran las causas culturales y sociales. Las universalmente conocidas colinas de París, Montmartre y Montparnasse fueron las zonas elegidas por los jóvenes artistas e intelectuales, mientras que los artistas más tradicionales y/o acaudalados concentraron fuerzas en torno a la zona de la Ópera Garnier, mucho más cercana al Louvre y al centro tradicional de París, pero que décadas antes había sido también el centro de la vida moderna, albergando, en un mismo taller del Boulevard des Capucines, primero el negocio del más importante fotógrafo de París, Nadar, y poco después, el célebre Salón de los Rechazados en el que el Impresionismo vería su nacimiento.

Boulevard des Capucines, por Claude Monet

Con un gran rótulo luminoso (uno de los primeros de la historia) se anunciaba uno de los mejores y más cotizados fotógrafos del mundo, Gaspard-Felix Tournachon, mejor conocido como Nadar.
 
Ante tan breve texto, les dejo de regalo un impresionante mapa sobre los edificios de espectáculos: cafés-conciertos, music-halls, cabarets, etc. Como podrán ven, no están todos en Montmartre (más bien en el Boulevard de Clichy) ni Montparnasse. El link les conducirá a ese mapa interactivo, parte de una impresionante página-proyecto que no debería dejar a nadie indiferente.

Sobre Montmartre y Montparnasse le hablo en las próximas entregas.

lunes, 17 de octubre de 2011

Breve apunte sobre las mujeres en las Academias de pintura a principios de siglo.


(Estos párrafos pertenecen a un trabajo que escribí hace año y medio sobre La Mujer en la Primera Vanguardia francesa, a un capítulo dedicado a la educación artística de las mujeres, concretamente al apartado de las academias de pintura en París. Ruego por tanto, que el texto sea entendido en este contexto, y discúlpenme el autoplagio, que completaré con links pertinentes cuando me sea posible).

En Francia, ni siquiera en el ámbito oficial, la pintura no fue jamás un asunto únicamente masculino. La Academia había acogido y reconocido (aunque siempre en categorías aparentemente menores, como los retratos o la pintura de flores) a célebres pintoras. Tal es el caso de Elizabeth Viguée-Lebrun, pintora oficial de una de las reinas más (im)populares de Francia, María Antonieta. Sin embargo, y paradójicamente, conforme Francia iba alcanzando paulatinas mejoras sociales, sus conservadores académicos se hacían cada vez más estrictos. Enfadados por los escándalos y el desprestigio que había constituido para ellos el auge de corrientes como el Realismo o el Impresionismo, a cuyos partícipes denostaron, para después acabar siendo más célebres y reconocidos que los propios academicistas, fueron cerrando poco a poco la participación de mujeres. Hay que señalar, que pocas de estas mujeres eran realmente francesas, por lo que la Academia se valió de una ingeniosa prueba de idioma en los requisitos de entrada. Sobre decir que la corrección era, extraoficialmente, mucho más severa con las mujeres que los hombres, pero sin embargo, este asunto dejó fuera a algunos de los pintores extranjeros más importantes que vivirían en París en las décadas siguientes. La medida no resultó demasiado efectiva: si bien a la Academia concurrían artistas masculinos de cualquier extracción social, las mujeres venían exclusivamente de familias pudientes, y extranjeras o no, siendo el francés (como era) la lengua de cultura, pasaban las pruebas de acceso mucho más fácilmente que los hombres. Las pruebas se fueron endureciendo hasta llegar a la prohibición total en 1897.

Autorretrato (c.1782) de Elizabeth Vigée-Lebrun
A partir de ese momento, las mujeres que quisieron dedicarse a la pintura, tuvieron que buscar alternativas, desde la educación con preceptores privados, a una serie de academias extraoficiales, mucho más liberales, en las que incluso podían copiar modelos masculinos desnudos del natural. En las últimas décadas del siglo XIX habían surgido numerosas “academias” de corte extraoficial en París. Eran espacios en los que la gente podía, de forma más o menos libre, copiar modelos del natural, o bien estar apuntado a clases de dibujo, pintura y escultura. Sobra decir que en estas academias se fomentaba la individualidad, que no se salía de ellas con ningún título (aunque el nivel de la Academie Julien hizo posible que sus alumnos pudieran optar también al Premio de Roma), y que sus profesores solían ser famosos díscolos de la Academia Oficial. Aunque este concepto de Academia no era nada nuevo (ya que las Academias libras y privadas aparecieron en el siglo XVII), tuvo especial importancia en el florecimiento de las Vanguardias. Las más importantes fueron L’Acadèmie Julian, L’Acadèmie Colarossi y L’Acadèmie Vitti, entre cuyos estudios (en ocasiones, en los demás de una academia) transitaron algunos de los pintores más célebres del siglo XX.

La Academia Vitti fue la de más reciente creación, abriendo sus puertas en 1905, dirigada por Anglada Camarasa y Kees Van Dongen. Ubicada en Montparnasse, acogió sobre todo a alumnas estadounidenses, como Louise Zaring o Ada Walter Shulz, y a españolas, entra las que destacó María Blanchard.

La Academia Colarossi fue la más afamada y abió las puertas en una fecha tan temprana como la de 1870. Fue también la primera Academia en nombrar a una profesora. Tuvo muchos alumnos* importantes, aunque también alumnas: Paula Modersohn-Becer, Emily Carr, Prudence Hewar, Romaine Brooks, Lucy Bacon, Cecilia Beaux, Clara Miller Burd, Marion Greenwood, Lila Cabot Perry, Hélène de Beauvoir, Camille Claudel, Jeanne Hébuterne, Eileen Gray, Mina Loy, Mela Muter...

En el estudio (1881), de Marie Bashkirtseff, en la que se retrata la Academia Julian

La Académie Julian funcionó desde 1867 hasta la Segunda Guerra mundial, y en ella se formaron importantes grupos como los Nabis. Aquí estudiaron importantísimos pintores**, aunque tambien pintoras: Louise Breslau, Käthe Kollwitz, Hilla de Rebay, Georgina de Albuquerque, Cecilia Beaux, Lilla Cabot Perry, Fanny Vandergrift, Beatrice Wood, Louise Bourgeois, Marguerite Jeanne Carpentier, Louis-Marie Désiré-Lucas, Madeleine Fié-Fieux, Jane Poupelet, Mélanie Quentin, Marie Bashkirtteff...


Paul Gaugin estudió aquí, pero también los estaodunidenses Charles Demuth y Lyonel Feininger, los rusos Jacques Lipchitz, Konstantin Somov y Alexander Golovin, el español Hermenegildo Anglada-Camarasa, el italiano Amedeo Modigliani, el alemán George Grosz, el japonés Seiki Kuroda, el noruego Gustav Wentzel, el rumano Reuven Rubin o el checoslovaco Alfons Mucha.
** Los alemanes Ernst Barlach, Ludwig Meidner y Emil Nolde; los rusos León Bakst y Jacques Lipchitz; los estadounidenses Louis Armand, Thomas Hart Benton, Robert Rauschenberg, Grant Wood; a los checoslovacos Alfons Mucha y a Frantiek Kupka; el belga Ferdinand Khnopff, el inglés Jacob Epstein. Y por supuesto, los franceses Pierre Bonnard, Juan Boucher, Roger Chastel, Maurice Denis, André Derain, Jean Dubuffet, Marcel Duchamp, Fernand Léger, Paul Ranson, Paul Serusier, Jacques Villon o Édouard Vuillard.


P.D. Entrada de bajísima calidad, lo se.